
Hay información que, en cuanto te llega, sabes que no puedes dejar escapar. Intuí que encerraba mucho más que un curso, un aprendizaje o un encuentro entre floristas.
En mi todavía corta trayectoria como florista he tenido la suerte de formarme en Pamplona, Madrid, Zaragoza y Cataluña. Cada experiencia me ha aportado algo valioso, pero en esta ocasión presentía algo diferente.
El planteamiento de estos dos días trasciende todo lo que había vivido hasta ahora. Quiero con estas palabras demostrar mi admiración a l’Escola de Disseny Floral de Barcelona por una propuesta tan valiente e inspiradora. Un resultado tan redondo refleja mucho trabajo y cariño previo.
Impagable el despliegue de creatividad, sensibilidad y técnica de los cuatro docentes, referentes nacionales e internacionales, que hicieron de cada dirección de mesa una lección inolvidable.
Y una mención muy especial para el gran Francesc Porres, con una generosidad poco común, nacida de un alma exagerada, desbordante, intensa y megacreativa. Me encanta ese enfoque dramático en su trabajo.
Quizá ha llegado el momento de que el arte floral entre en la conversación para disputar el título de octavo arte con disciplinas tan extraordinarias como la fotografía o el diseño gráfico, cuyo reconocimiento sigue quedando fuera de las siete artes clásicas. O igual ese debate ya existe y soy yo quien aún no me he enteraooo 😉